Llegó mayo y anotó un 10 en el calendario del bosque, un día rotundo que iluminó la ladera del Sueve y enmarcó unos Picos de Europa de leyenda en el más puro azul de verano. En días así, sólo hay que dejarse llevar. Hasta las lechugas de la huerta sonreían. Desde el círculo de bienvenida, al recorrido botánico por el bosque para hacer los herbarios con los niños y luego el juego de la flor. Desde la comida al aire libre y la conversación debajo del roble hasta la suave brisa de la despedida. Un día asturiano redondo, de esos en los que todo es posible. Hasta el sol quiso jugar con las enormes burbujas de jabón y regaló a los niños un pequeño arco iris.

 

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